En sesiones a puerta cerrada la semana pasada, grupos de trabajo que integraron a miembros de las 193 naciones que participan en el tratado climático de la ONU trataron de aminorar gradualmente los textos impugnados sobre las decisiones propuestas para la aprobación final de los ministros el próximo viernes.
"Lo que se necesita que ocurra es que los países deben llegar a pactos negociados que permitan que todos estén igualmente incómodos o cómodos", afirmó la directora de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, Christiana Figueres.
En una señal del trabajo que aún les falta por hacer, en dos páginas de un texto clave que trata sobre la "visión compartida" de lo que quieren lograr las naciones integrantes del tratado, apenas 170 las 1.300 palabras del documento no fueron cuestionadas. El resto fueron colocadas entre corchetes como opciones propuestas por las distintas partes.
Algunos, por ejemplo, quieren que el mundo reduzca las emisiones de gases causantes del calentamiento global, de modo que las temperaturas no suban más de 2 grados centígrados (3,6 grados Fahrenheit) por encima de los niveles preindustriales, una meta más ambiciosa que lo que dicen los científicos que se necesita para evitar graves daños al ambiente.
Otros quieren ir aún más bajo, hasta 1,5 grados Centígrados (2,7 grados Fahrenheit) por encima de los niveles preindustriales — una posición favorecida por naciones insulares y otras más amenazadas por los impactos del calentamiento global, a causa de eventos como la elevación del nivel del mar.
El tema en torno a la reducción del dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero emitidos por la industria, los vehículos y la agricultura es la diferencia principal en las prolongadas negociaciones climáticas y no será resuelto por completo en Cancún.
Durante 13 años, Estados Unidos se ha negado a unirse al resto de los países industrializados dentro del Protocolo de Kioto, un documento añadido al tratado climático en 1997 que exige una reducción modesta en su emisión de gases que provocan el efecto invernadero a las naciones más ricas.
Estados Unidos se quejó de que esto podría dañar su economía y que el Protocolo de Kioto debería haber aplicado medidas similares también a las economías emergentes, como las de China e India.
Por su parte los países más pobres pero en proceso de crecimiento han rechazado los llamados para someterse a los compromisos jurídicamente vinculantes semejantes a los del Protocolo de Kioto, que no buscan reducir las emisiones de gases, sino impedir el aumento de esas emisiones.
Este estancamiento llevó a la cumbre climática del año pasado, celebrada en Copenhague, Dinamarca, a casi sufrir un colapso. La reunión terminó con un "Acuerdo de Copenhague" no vinculante, donde Estados Unidos, China y otras naciones presentaron promesas voluntarias para reducir sus emisiones de gases.
Ese acuerdo fue respaldado por 140 naciones, pero no el tratado completo al que se han comprometido 193 países.
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