El comandante filipino Umbra Jumdail, de Abu Sayyaf, fue muerto el 2 de febrero en su escondite en la jungla en la isla Jolo. Los funcionarios dijeron que su muerte es uno de los más importantes golpes para el grupo vinculado con al-Qaida debido a que él refugiaba a terroristas del sureste asiático, que proveían fondos y entrenamiento para la fabricación de bombas.
El portavoz militar Arnulfo Marcelo Burgos repitió el domingo que el mayor sospechoso terroristas del sureste asiático Zulkifli bin Hir, de Malasia y el singapurense Abdulá Alí también fueron muertos junto con Jumdail y otros 12 sicarios.
Los dos funcionarios, sin embargo, dicen que los dos siguen vivos y no en el área que fue atacada.
Abu Sayyaf está detrás de numerosos secuestros, ataques con explosivos y decapitaciones que han aterrorizado a Filipinas durante más de dos décadas.
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