El triunfo del conservador Sauli Niinistö en las elecciones presidenciales de Finlandia confirma el giro a la derecha del país nórdico, gobernado desde 2011 por el primer ministro, Jyrki Katainen, líder de la formación Kokoomus.
La amplia victoria de Niinistö en los comicios de ayer, en los que logró el 62,6 % de los votos, pone en manos del partido conservador Kokoomus los principales cargos políticos de la nación, a excepción de los ministerios de Economía y Asuntos Exteriores, ocupados por los socialdemócratas Jutta Urpilainen y Erkki Tuomioja.
"Niinistö ha logrado un resultado espectacular. Los finlandeses le han dado un apoyo mayoritario, mucho mayor que a ningún otro presidente anterior", declaró el primer ministro.
El candidato conservador arrasó ante su oponente, el diputado ecologista Pekka Haavisto, en todos los municipios del país excepto en dos, logrando un mandato claro de los ciudadanos, pese a que la abstención del 31 % fue la más alta de todas las elecciones presidenciales que se han celebrado hasta la fecha.
Niinistö era el gran favorito para asumir la jefatura del Estado nórdico desde 2006, cuando estuvo a punto de impedir la reelección de la actual presidenta, Tarja Halonen, quien finalmente venció por apenas tres puntos de diferencia.
Tras su ajustada derrota, Niinistö dedicó todos sus esfuerzos a prepararse para estas elecciones y mantuvo un perfil político bajo para evitar desgastarse y ganar popularidad entre todos los sectores sociales.
Como presidente del Parlamento se convirtió en una especie de autoridad nacional, alejado de la política partidista, y se ganó las simpatías de los ciudadanos al criticar los altos sueldos y dietas de los diputados.
También aumentó su popularidad tras asumir en 2009 la presidencia de la Federación Finlandesa de Fútbol, un deporte que cada vez cuenta con más aficionados en el país.
Su experiencia como abogado y su gestión como ministro de Finanzas entre 1996 y 2003, periodo en el que Finlandia logró superar una grave crisis económica, terminaron de convertirle en el candidato más popular de los ocho que presentaron su candidatura a estos comicios.
Sin embargo, más allá de los méritos de Niinistö, los analistas coinciden en que la homosexualidad de su rival, el ecologista Pekka Haavisto, fue clave para explicar una victoria tan rotunda en la segunda vuelta.
Haavisto, un candidato en quien pocos creían hace apenas un mes, se tomó la derrota con gran deportividad y trató de buscar el lado positivo.
"Los ciudadanos ha sido muy activos en las redes sociales, sobre todo los jóvenes. Si estas elecciones han servido para que los jóvenes se interesen en política, entonces hemos dado un gran paso adelante", declaró tras felicitar a su adversario.
El hecho de que las jefaturas del Estado y del Gobierno estén en manos de los conservadores por primera vez en la historia a partir del 1 de marzo, día de la investidura de Niinistö, sugiere que habrá una estrecha cooperación entre las dos instituciones, según los expertos.
El primer ministro, Jyrki Katainen, ha invitado al presidente electo a su residencia oficial para empezar a planificar las líneas maestras de la futura política exterior finlandesa al calor de la sauna, como es tradición en el país.
La elección de Niinistö, europeísta convencido, garantiza la continuidad del compromiso del Gobierno finlandés con la Unión Europea, pese al aumento del euroescepticismo en el país a raíz de la crisis del euro.
Aunque la política interior y la economía no son competencia del presidente, los analistas creen que Niinistö tendrá una gran influencia sobre el Gobierno de Katainen.
El propio Niinistö ha anunciado su intención de crear un comité de expertos cuyo cometido será proponer medidas concretas para resolver algunos problemas graves, como la creciente brecha entre ricos y pobres, la despoblación de las zonas rurales y la exclusión social de los ciudadanos más desfavorecidos.
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