La UNMIN, que llevaba cuatro años en el país, ayudó a estabilizar Nepal tras la firma en noviembre de 2006 del acuerdo de paz que puso fin a la década de guerra entre los maoístas y las fuerzas de seguridad del Estado.
Ambas partes debían solicitar conjuntamente la prórroga al Consejo de Seguridad de la ONU, y aunque los maoístas mostraron su disposición a renovar la misión, las fuerzas del Gobierno han preferido no hacerlo, con el país políticamente paralizado.
"Con la salida de la UNMIN, habrá menos atención internacional hacia el proceso de paz en Nepal", comentó a Efe el columnista político Aditya Adhikari.
La misión, iniciada en enero de 2007, tenía como objetivo la supervisión de 19.602 combatientes maoístas concentrados en campamentos y de sus armas, y ahora llega a su término sin que esté resuelto el contencioso de su integración.
La transición nepalí aún no está completa: los distintos partidos no solo no logran llegar a un acuerdo para la integración de los combatientes y la aprobación de una nueva Constitución, sino que ni siquiera son capaces de formar Gobierno pese a sus intentos.
El último primer ministro, Madhav Kumar Nepal, dimitió en junio a cambio de que los maoístas aceptaran una prórroga del mandato de la Asamblea, que debe redactar la Constitución, y desde julio han tenido lugar 16 votaciones fallidas para hallar un sustituto.
Y por el flanco del acuerdo de paz, la salida de la UNMIN ha obligado a sustituir a los 72 supervisores internacionales desplegados en los campamentos por 64 nepalíes, procedentes de las fuerzas de seguridad y de la antigua guerrilla maoísta.
"Ha habido un acuerdo político respecto a los monitores nepalíes. Pero los combatientes deben entender esto y continuar respetando el código de conducta", dijo a Efe el coordinador del nuevo Comité encargado de la supervisión, Balananda Sharma.
Desde el sábado, día en que terminó la misión de la UNMIN, no se han registrado polémicas en Nepal, pero el propio Sharma reconoce que la situación podría cambiar en el futuro, y que está por ver cómo habrá que afrontar los problemas por venir.
El viernes, el Gobierno y los maoístas firmaron un acuerdo de tres puntos por el que se comprometían a respetar todos los acuerdos pasados entre ambas partes, y que pone a los excombatientes bajo supervisión de un Comité dirigido por el primer ministro.
En virtud del acuerdo de 2006, los combatientes maoístas debían quedar integrados en las fuerzas de seguridad, que a su vez debían ser "democratizadas", para eliminar su antigua obediencia a la monarquía, sustituida en 2008 por la república.
Y, según dijo el domingo la jefa de la UNMIN en Nepal, Karin Landgren, la tarea de reintegración, la nueva Constitución y la organización de las próximas elecciones suponen "pruebas importantes" para el pequeño país del Himalaya.
Aunque según la propia Landgren el proceso de paz "nunca ha descarrilado", lo cierto es que hasta el momento, según coinciden los analistas, los desacuerdos entre partidos políticos han impedido avances significativos.
Para los maoístas, la clave de la parálisis obedece a la interferencia política de la India -enemiga tradicional del maoísmo-, pero otros partidos políticos creen que los ex combatientes deben ser desarmados y no integrados en las fuerzas de seguridad.
"La India no quiere que haya ningún tipo de cambio en el Ejército de Nepal. Con la salida de la UNMIN, la influencia india será mayor, por su proximidad y poder", dijo a Efe el analista Adhikari.
Según su versión, la solución podría llegar en forma de una integración simbólica de algunos combatientes, y la rehabilitación del resto en la vida civil.
"Sin embargo, si los maoístas no están de acuerdo con esto, el proceso de paz podría estancarse, y la India realizaría aún más esfuerzos para aislarlos", apostilló.
Nepal ya tuvo que prorrogar por un año en mayo de 2010 el plazo de aprobación de la nueva Constitución, y los analistas temen ya que la situación se repita este año, con los partidos enfrascados en la agonía de elegir un primer ministro.
Ninguna de las fuerzas políticas cuenta con mayoría en el Parlamento.
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