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26 de junio de 2012 • 18:56

Lucha antidrogas debe basarse en cooperación internacional, concluye reunión

La lucha contra las drogas debe incrementar y fortalecer la cooperación internacional desde "un marco multilateral, regional y bilateral" y el principio de responsabilidad compartida, concluyeron hoy los participantes de una reunión antidrogas celebrada en Lima.

La cita, que reunió desde el lunes a delegaciones de 61 países terminó hoy con la firma de la Declaración de Lima, que reconoce "la importancia de optimizar y seguir fortaleciendo la cooperación que sea necesaria para tratar sobre el intercambio de información y las mejores prácticas".

El documento pide, además, "utilizar de manera eficiente las redes nacionales y redes intergubernamentales, regionales y globales relacionadas con el problema mundial de las drogas".

Los países participantes, entre los que estuvieron Estados Unidos, Rusia, Afganistán, Colombia, México y España, remarcaron que el problema de las drogas "debe abordarse en un marco multilateral, regional y bilateral" bajo el principio de responsabilidad compartida y sin distinción entre zonas consumidoras, productoras y de tránsito.

También reconocieron "cierto progreso logrado en el plano local, regional e internacional" en la lucha contra las drogas, aunque manifestaron su "preocupación por las tendencias mundiales negativas en materia del cultivo, producción, fabricación, tráfico y distribución de ilícitos, y el uso indebido de drogas".

La cita se desarrolló en la capital peruana en medio de estrictas medidas de seguridad y con un acceso muy restringido para los periodistas, que no pudieron asistir a las sesiones que se celebraron a puertas cerradas.

Entre las actividades que sí se pudieron seguir, estuvieron convenios como el de la Unión Europea (UE) y Perú para promover el desarrollo alternativo en la provincia de Satipo, en la selva central del país, con una inversión de 10,4 millones de euros (unos 12,9 millones de dólares).

También se firmó un convenio entre Perú, Francia y las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC) para estudiar el proceso de conversión de la hoja de coca en cocaína.

El representante de UNODC para Ecuador y Perú, Flavio Mirella, aseguró a los periodistas que cada vez se utiliza menos hojas de coca para producir la droga y que en Latinoamérica existe un mercado consumidor emergente.

"Las rutas (de distribución de la droga) no sólo van hacia el norte o Europa, sino que también hay un mercado importante que se establece en la región para los productos ilícitos", remarcó Mirella.

Además, se presentó el programa de prevención de consumo de drogas entre los adolescentes "Familias fuertes: amor y límites", impulsado por la Comunidad Andina (CAN), la UE y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El lunes, el Servicio Federal de Control de Tráfico Ilícito de Drogas de Rusia (FSKN) suscribió un convenio de cooperación con la agencia estatal peruana de lucha contra las drogas (Devida) para intercambiar información y colaborar en acciones contra el tráfico ilícito de drogas y sus precursores químicos, así como apoyarse en investigaciones científicas y académicas, entre otros temas.

El director del FSKN, Víctor Ivanov, señaló que el narcotráfico en Rusia moviliza alrededor de 10.000 millones de dólares al año, de los cuales unos 300 millones provienen de la cocaína producida en Latinoamérica.

Perú es considerado uno de los primeros productores de cocaína en el mundo -el primero según el Departamento Estadounidense Antidrogas (DEA)- junto a Colombia, y cuenta con 61.200 hectáreas de cultivos de hoja de coca, según un informe de la UNODC de 2011.

El presidente peruano, Ollanta Humala, que inauguró la cita, indicó que su Gobierno invierte unos 230 millones de dólares al año para la lucha contra las drogas, pero admitió que esa iniciativa resulta insuficiente si no se logra que todos los países se unan al combate de este delito.

Al cierre de la reunión, el presidente del Consejo de Ministros de Perú, Óscar Valdés, anunció una inversión de más de 18 millones de dólares en una estrategia para luchar contra el narcotráfico en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), el mayor valle cocalero del país.

La escasa información ofrecida a los medios de comunicación fue la constante durante la cita, que fue resguardada por unos 2.000 policías distribuidos en la sede principal y en los cuatro hoteles en los que se hospedaron las delegaciones visitantes.

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