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ás de dos millones de personas visitaron Perú en 2010 y el turismo es un negocio que crece a paso agigantado en el país de los incas. El Cusco, la antigua capital del Imperio del Tahuantinsuyo, era una pequeña ciudad de provincia a principios de los años 80, hoy es una de las ciudades más turísticas de América Latina y toda su estructura económica ha sido tocada por esta industria. Aunque es una actividad que recién comienza a desarrollarse, ya ha manifestado su influencia en las creencias y valores de los peruanos.

Bricherismo: Romance y política de altura. Foto: Alejandra Devéscovi

En los años 80 se impuso un personaje que ha cobrado vida propia en el imaginario popular de los peruanos, el brichero. Para Luis Nieto Degregori, uno de los escritores que más ha investigado el tema, los bricheros son gigolós andinos, buscavidas que van tras las extranjeras presentándose como la encarnación de la mitología andina. El brichero “vende” a los extranjeros una imagen y un discurso. Cabello largo, poncho, chanclas y un relato étnico, mágico, religioso.

Pero no estamos solo frente a un personaje de carne y hueso. En el imaginario popular representa “el paradigma de éxito personal,

 

turístico y comercial de la generación joven”, según el médico psiquiatra Teobaldo Llosa. Por ello es protagonista de comerciales de televisión. Hace poco una marca de cerveza presentó un aviso donde una voz en off se pregunta: “¿Cuál el es peruano que conquista el mundo?” Esa misma voz se responde: “Brichero. ¡Arriba Perú!”. Mientras intentamos descifrar en qué pensaba ese creativo publicitario vemos en la pantalla a un tipo flaco, de facciones andinas y cabello largo que lleva puestas una vincha y un chaleco con flequillos, y está rodeado de una decena de rubias ansiosas por tocarlo. En unas de sus columnas de humor, el escritor Luis Freire,

La mayoría de peruanos ve como superiores a los blancos, ellos son la encanación del prototipo de belleza.

formula una pregunta trascen- dental: “¿Qué peruano o peruana no lleva un brichero en el corazón?” Él mismo responde así: “Lo rubio nos mata, nos condena y enloquece”.

El triángulo conformado por la colectividad peruana, el brichero y “lo rubio” es una vorágine que Luis Nieto Degregori sintetiza como un rechazo casi generalizado de la comunidad hacia los bricheros: “Manifestamos aversión a los bricheros porque para ser uno tienes que ser indígena. También porque el brichero ha confrontado a los peruanos con sus complejos de inferioridad. La mayoría de peruanos ve como superiores a