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30 de junio de 2012 • 05:06 • actualizado a las 09:34

Francia le dice adiós a Minitel, la hermana mayor de internet

Esta fotografía de 1979 muestra un prototipo del sistema Minitel.
Foto: AFP
 

Minitel, una tecnología francesa pionera que se desarrolló en los años ochenta y que se popularizó en los noventa gracias en buena parte a los foros para adultos y otros sitios de contactos, dejará de funcionar hoy a las 23.59 hora de París, desplazada por la apabullante democratización de Internet.

El pequeño terminal similar a un ordenador beige de aspecto "vintage" con teclado y pantalla incorporadas y conectadas a un teléfono, supuso un avance tecnológico que marcó a toda una generación en Francia, un orgullo telemático nacional que no supo seducir al público internacional para competir con Internet.

Treinta años después, ese hermano mayor de la web que llevó la batuta en los primeros compases de la digitalización en Francia e inició a los hogares y a las empresas francesas en el mundo de los servicios virtuales, se ha doblegado ante la evidencia de su obsolescencia.

"Aunque el Minitel todavía tiene volumen de negocio, su uso y tráfico están en claro descenso. Se dirige hacia una muerte natural", explicaba en 2011 un portavoz de Orange, marca bajo la que opera France Télécom, el padre de la criatura.

Casi desconocido fuera de Francia, salvo por sus vecinos belgas, el Minitel era un dispositivo simplificado al máximo para resultar accesible a un público más amplio que resultaba un híbrido entre un primitivo internet y los servicios de teletexto.

El usuario introducía un código numérico seguido de varias letras para conectarse a una página y pagar en función del tiempo de visita a través de una pantalla pixelada en la que podían reservar billetes de tren o de avión, consultar sus cuentas bancarias u horóscopos y, sobre todo, introducirse en páginas de contactos y encuentros sexuales como "3615 Ulla", una de las más populares.

La aventura del Minitel nació en los laboratorios de France Télécom allá por la década de los setenta del pasado siglo, en los tiempos en los que Valery Giscard d''Estaing era el inquilino del Palacio del Elíseo, el fabricante automovilístico Peugeot tomaba las riendas de Citröen y la píldora del día después se despachaba en las farmacias francesas. El sistema despegó definitivamente en 1982.

Su popularización, arropada por la instalación gratuita de terminales subvencionados conectados a la red central Transpac, tuvo mucho más éxito que los experimentos británicos (Ceefax) o alemanes (Bildschirmtext), aunque no pudo competir con la metamorfosis de la estadounidense Arpanet, antecesor de Internet.

Minitel vivió su apogeo hacia 1996, cuando hasta nueve millones de hogares y empresas en Francia disponían de un terminal a través del que 25 millones de usuarios disfrutaban de los 26.000 servicios que ofrecían 10.000 operadores.

"La panadera de Aubervilliers sabe perfectamente pedir información a su banco por Minitel mientras que la panadera de Nueva York es incapaz de hacerlo", decía en 1997 el entonces presidente francés, Jacques Chirac, para defender una tecnología "made in France" que ya se veía amenazada por la democratización de las páginas web.

El sistema llegó a generar un volumen de negocios de un millar de euros (1.200 millones de dólares) al año y enriqueció a varios empresarios por el camino, pero cayó progresivamente hasta los 30 millones de euros (casi 38 millones de dólares) de facturación en 2010, al tiempo que grandes empresas francesas como la aerolínea Air France o la ferroviaria SNCF iban desactivando sus servicios.

La curva del declive se fue haciendo más pronunciada, pasando de 90 millones de horas de conexión al año a solo 1,5 millones, por lo que se programó su desaparición en septiembre de 2011, aunque se fue retrasando hasta la media noche del 30 de junio de 2012, hora de su desconexión definitiva.

Aún existen 600.000 terminales en funcionamiento que dan cobertura a cerca de dos millones de usuarios que ahora deberán elegir entre conservar ese objeto de culto o hacerlo llegar a Envie 2E, una empresa de Toulouse, en el sur de Francia, que se encarga de destruir y reciclar las últimas terminales del Minitel.

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